La fiscal adjunta Amy Justiniano dijo que la ladrona, dejó de ser la mujer que iba todos los días a la iglesia y se convirtió de repente en una estafadora mentirosa.
Del millón robado a la arquidiócesis, Collins gastó $18.000 en muebles caros de la tienda Bloomingdales, $23.000 en ropas costosas en la tienda Barney, otros $14.000 en la librería Brooks, además de $19.000 más en una tienda de regalos en Irlanda.
Durante un allanamiento en su casa de El Bronx, la policía decomisó 50 cajas, algunas llenas de cuadros pintados al óleo y otras de carísimos muñecas y muñecos. Collins, estuvo empleada en la iglesia sólo durante un mes, tiempo suficiente para que cometiera el robo.
Las autoridades dijeron que la acusada había mentido sucesivas veces sobre la estafa del millón, diciendo que sólo había hurtado $73.000 dólares. No es la primera vez que la anciana es acusada por el mismo delito.
El fiscal Justiniano explicó en la corte que en el 2003, cuando fue entrevistada por la arquidiócesis, no mencionó en la aplicación de trabajo un arresto anterior. Emitió 468 cheques destinados a suplidores, pero los depositó en una cuenta bancaria a nombre de su hijo K.B. Collins.
En algo más de 16 meses, se robó $46.000 dólares en cheques duplicados a la empresa especializada AccuStaff para la que trabajaba antes de ser contratada por la iglesia y fue condenada, tras ser hallada culpable a 5 años de libertad en probatoria y al pago de $10.000 como restitución a la compañía, además de 100 horas en servicios comunitarios.
Ese arresto fue en junio de 1999, pero antes en 1986 también fue acusada por estafa mayor, siendo sentenciada a tres años de probatoria en la Corte Criminal de El Bronx, acorde con sus récords en los tribunales.

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